
Lo que quiero explicar a continuación es una idea bastante compleja, así que iré al grano e intentaré explicarlo de la mejor forma posible.
En mi opinión, la felicidad se puede alcanzar de dos formas: a través del conocimiento de la verdad y a través de la ignorancia.
Empezaré por la felicidad proporcionada por la ignorancia, ya que es la más fácil de alcanzar: un ignorante, perdonad mi tosca expresión, puede tener la verdad debajo de sus narices, pero puede que al no coincidir con su punto de vista, o simplemente por desinterés, no llega a conocer esa verdad. El ignorante, construye su propia verdad, una verdad que se ajusta a sus creencias o a su opinión, y a través de esa falsa verdad construye su felicidad, que al basarse sobre una verdad falsa, es una felicidad ficticia.
Me explico: el ignorante al construir su propia verdad, alcanza la felicidad, pero al ser una verdad subjetiva y falsa, su felicidad es una mentira.
Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que el ignorante vive ajeno a todas las desgracias mundiales, y al no conocer esas desgracais, es feliz.
Ahora llegamos a la felicidad alcanzada através del conocimiento de la verdad. Como bien sabemos, la verdad absoluta no existe, por lo tanto, se entiende que a continuación yo voy a hablar de la verdad como sinónimo de realidad, de una realidad objetiva.
En estos momentos en los que vivimos, nuestra realidad no es de color rosa. Al contrario, es una realidad oscura, triste e indignante, por eso a veces digo que me gustaría ser ignorante, a pesar de tener que vivir en una felicidad ficticia.
Quiero decir, que yo, personalmente, conozco la verdad (realidad), y al tratarse de una verdad injusta, me entristezco, me indigno, me enfurezco. Tras ese momento de rabia, me alegro de conocer la verdad, y de este modo alcanzo la felicidad. ¿Porqué me alegro de conocer una verdad que no es de mi agrado? Porque se que conozco el mundo en el que vivo, se que no vivo en una mentira, y se que yo puedo ver y conocer cosas que los demás (los ignorantes) no pueden.
Y sí: mi conclusión es que para llegar a la felicidad verdadera hay que sufrir. Por lo tanto, como para llegar a la felicidad verdadera hay que sufrir, yo, al haber pasado por el breve o largo período de tristeza causado por el conocimiento de la realidad objetiva, que no es de mi agrado, considero que he alcanzado la felicidad verdadera.
La verdadera felicidad es lo que nos diferencia de los ignorantes: nuestra sed de conocer, el hecho de aceptar la verdad, aunque choque con nuestras ideas, el hecho de cuestionarnos cosas que nos habían enseñado y que dábamos por buenas.
Yo soy feliz, ¿y tú?